Nada cambia si no vemos la crisis como una oportunidad


Han pasado ya casi 10 meses desde que no dejo aquí mi huella, no es porque no haya pensando en escribir, pero los rumbos cambiantes que va tomando mi vida y las ganas, tal vez, de dar una forma nueva a lo que en origen fue mi diario de viaje han hecho que no supiera que decir.

En este periodo, confieso que he dejado de ser un poco nómada. En París, sentía esa sensación tan Chovinista de ver al mundo girar en torno a mi. No lo hacía, pero ver tantas gentes de lugares, xeitos y vidas tan dispares como la mía, daban consuelo a lo que en mi, puede ser una excentricidad.

Sobreviví y me considero ganadora si pienso cuando llegué a París con la escusa de hacer un mes de francés sabiendo que sería para mucho más, no hablaba “rien” de francés. Corría el año 2010, España ya nadaba a sus anchas en lo que sería la larga vida de una crisis, había decidido dar una parada a la cooperación y quería aprender una nueva lengua. París me parecía una buena escusa para seguir buscándome la vida.

Entre nosotros, podría confesar que dejé España como una joven más que sin alternativas y futuro en la enterrada cuenca minera berciana se fue a buscar su pan. Pero también entre nosotros, debo agradecer a la situación de esa España del 2010 que me hubiese dado el “empujoncito” para irme de nuevo y volver a empezar.

Os confieso también que no fue nada fácil, suerte que pude contar con amigas y amigos que me ayudaron a empezar… y claro está, una ceguera absoluta por salir adelante, ya sabéis soy de León.

Había que echarle ganas para enfrentarse al frío de sus gentes y al de París. A ese carácter duro y al venderse todo el tiempo. Sí, presentarse ante alguien suponía soltar en cinco minutos todo lo que vales, eres y sabes hacer. Por extraño que parezca, al final viene bien saber valorarse un poco más, mezclarse entre muchas gentes de distintos contextos y aprender en esa escuela de la vida a ver un poco más allá. Sin olvidar, claro está, el aprender la “sacra” lengua francesa a la que siempre le añadirían un “petit acent”.

De camarera a azafata y jefa de equipo en un tren entre París y Venecia. Sin dejar nunca de lado mis pasiones. Entre relatos y poemas a buscadora empedernida de lugares, gentes y cultura que me ayudasen a entender y a pensar en un mundo rural más factible.

Siempre intentando poner la mejor sonrisa, siempre buscando ser el mejor yo posible.

A veces, desde mi “chambre de bonne” de 9 m2 pensaba en aquellas mujeres que dejaron aquella España de post-guerra buscando alguna manera de buscarse la vida. O a mi padre que en los años ’70 se fue con un contrato de pastor huyendo del hambre y de la misera de aquellos pueblos tan duros de la montaña ancaresa.

Me sentía afortunada, sabía que el dar vueltas como un ratón en la ratonera de aquel restaurante mexicano o en las idas y venidas de aquel tren entre París y Venecia era pasajeras, que según iba pasando el tiempo, mi lengua se soltaba un poco más, la gente dejaba de ponerme caras raras cuando me escuchaban y yo iba haciéndome un lugar en aquella gran ciudad. En tres años estaba en la Sorbonne estudiando un máster. Sí otro más para la colección, pero gracias a los estudios de “joven talento que se va de España” pude mejorar mi formación, actualizar mi curriculum como Ingeniera en una escala más internacional y en seguir mirando al mundo de manera diferente.

Ayer escuchaba Radio 3 mientras desayunaba con Marcos en casa. Icíar Bollaín presentaba en el programa Hoy empieza todo, su último documental sobre la emigración española en la actual crisis…. y yo me envenenaba.

Me envenenaba sí, pensando en que triste es presentar la emigración como una condena y no como una oportunidad. Desde hace mucho tiempo estamos comprobando como se extinguieron aquellos tiempos en los que comenzabas y acababas tu carrera profesional en el mismo puesto, en la misma ciudad y con la misma gente. ¡Y cuanto me alegro la verdad!.

Considero que para muchos jóvenes que, si las cuestiones mayores lo permiten, salir de su tan conocida “zona de confort” es lo mejor que le puede pasar en la vida. Salir de tu país, significa hablar otro idioma, abrirse uno mismo, conocer nueva gente, hacer nuevas conexiones neuronales, aprender, comer y beber diferente… y que se yo… plantearse la vida de manera diferente o volver…. pero en todo ese proceso habrás ganado. Para ganar – me dijo alguien – siempre hay que perder.

He llorado muchas veces dejando a mis amigos y familia en casa saliendo sin saber a quien iba a encontrar y lo mucho que mi vida iba a cambiar. Pero siempre me he vuelto con muchas otras familias en cada lugar donde he vivido, con la gente con la que he aprendido de su cultura y de su vida y que tanto, tanto me han enriquecido.

lauraSigo siendo la misma Laura pueblerina que ama la naturaleza, el campo, los animales, la vida tranquila y rural, el escuchar el canto de los pájaros por las mañanas y poder ver atardecer el sol entre las montañas. Me encanta enfangarme de botas y guantes y trabajar cada día… eso ha sido donde he crecido y lo que llevo más arraigado dentro de mi… pero también es cierto que, desde el momento en el que empecé a viajar y descubrir mundo, esa Laura pueblerina se comenzó a ver, a través de los ojos de muchos, otros mundos posibles y diferentes, aprendí respetar mucho y a enfrentarme a las dificultades y a luchar por mis sueños.

Hasta yo misma me sorprendí cuando decidí volver a España. En todo este camino, una aprende también que las decisiones hechas por amor son las que más valen la pena. A pesar de los pesares, de las crisis y de lo que haga el resto del mundo. Mi vida es mía y sólo la vivo una vez. Si tenemos las cosas claras conseguiremos aquello que nos propongamos, sin dudarlo y luchando mucho por ello, estoy convencida. Como un amigo me dijo una vez… cuando uno sabe hacia donde va, el universo se alía para que ese uno llegue a su destino y le dará toda la energía del mundo que necesite para luchar.

Los que se quieran quedar, que se queden, los que se vean obligados a irse, que se vayan y los que se quieran volver que se vuelvan, y que piensen que, por muy mal que les haya ido, habrán aprendido algo nuevo que les valorizará frente aquel que no haya podido o que haya querido quedarse aquí.

Lo dicho, nadie gana si no pierde algo.

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3 comentarios en “Nada cambia si no vemos la crisis como una oportunidad

  1. Estimada Laura, que alegria me da descubrir tu blog y tus palabras. Entiendo que te marchaste a España y quiero desearte lo mejor. No sé si me recuerdas. Nos cruzamos una vez cuando di mi conferencia en tu clase de la Sorbona, pero yo si recuerdo tu actitud y aun conservo el mail de agadecimiento que me mandaste y tus palabras porque me tocaron. Gracias por ello. Te deseo lo mejor, estés donde estés. Un abrazo, Maria Lamas.

    1. Como para no recordarte Maria Lamas, valoré mucho tu conferencia y mantengo mis palabras de agradecimiento y admiración por una labor tan preciosa como es la de ayudar a la gente a encontrar su proprio valor y camino. Mucho ánimo para que puedas seguir con tu gran misión.

  2. Gran post Laura, muy emotivo y sincero. Me identifico con lo que dices, creo que hay que salir al mundo a buscar nuestro camino y oportunidades. A veces resulta duro y complejo, pero al mirar la vista atrás, creo que siempre apreciamos lo enriquecedor de la experiencia, con sus lugares, gentes y momentos. Un fuerte abrazo, beijos.

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