También indignada el 15O
Después de 7 horas de servicio, mucho trabajo, mucha gente y una mierda de propina salgo para encontrarme con un tráfico inusual que me recuerda que algo se cuece en la plaza del Hotel de Ville. No consigo convencer a mi compañera, así que me acerco sola para ver lo que ya ha empezado hace unas horas. Me encuentro con un puñado de indignados, no creo que fuesen más de 200. Del primer golpe de vista, me sorprende encontrar gentes de edades, colores y aspectos diferentes. Aunque cierto es que, mayoritariamente, no se encontrarían estas mismas indumentarias, en un desfile de Gucci de Paris.
Deambulo, escucho, entiendo y me sensibilizo con algunos de los indignados que comparten lo que ven al lado de su casa o a miles de kilómetros de aquí. Se me pone la piel de gallina al escuchar la denuncia de un joven que se presenta como musulmán y como ser humano al mismo tiempo. Con un acento marcado, denuncia las miles de muertes que se están produciendo en este momento en Libia. Cuestiona, si la situación actual del país es mejor ahora que durante el régimen Gadafi una vez ya derrogado. Desde diferentes puntos de la plaza escucho gritos de abucheo en contra de tal afirmación. Aún en París, aún en una asamblea, se sigue poniendo de manifiesto nuestra cultura de buenos y malos. Y es que, resulta siempre muy fácil criticar y pasar página sin cuestionarse la realidad actual del lugar desde una distancia tan lejana, especialmente cuando nos quedamos en los aspectos superficiales, en el bien y en el mal.
En cierto momento, el transcurso de la asamblea se ve interrumpido por el mensaje de aviso informando que la concentración 15O ya no es más deseada. Yo no me lo tomo muy en serio, aún así, decido partir intuyendo que aquello no va a durar mucho.
Saliendo ya de la plaza, empiezo asustada a divisar la procesión casi multitudinaria de los grandes “hombres de azul” preparados casi ya para el asalto. Escucho la petición de los organizadores para que los participantes de la asamblea se sienten. Continuo marchando, y no dejo de asombrarme de la exageración en número y en fuerza frente al puñado de concentrados que acabo de dejar atrás. Comienzo a escuchar los fuertes ruidos de las sirenas patrulla, hoy aún si cabe, más fuertes que muchas otras veces. Comprendo que, de cierta manera, la batalla en la que los concentrados tendrán, como siempre, que soportar los golpes de los armados escudados no sólo en el cumplimiento de ordenes, está a punto de empezar.
No es muy tarde todavía, así que en una ciudad de 12 millones de habitantes, donde un pequeño puñado se manifiestan, hay gente que vive más que ajena a indignarse y quejarse. Hay muchos que apuran sus últimas compras de sábado tarde en los grandes comercios, que se comen una hamburguesa en el siempre abarrotado McDonald, o se dan un gusto al paladar en tantos de los exquisitos restaurantes de los que goza esta ciudad.
De camino, paso frente al 59 Rivoli, uno de mis lugares favoritos en el centro de esta ciudad, y la verdad que me indigno. En una ciudad, donde los atuendos son tan importantes, aquí se concentran un gran grupo de “atuendados” que disfrutan de un “aperitivo” y se regocijan en una exposición colectiva que, por su pobre calidad, ciertamente me indigna. Veo demasiada tomadura de pelo, pintada de excentricidad y mucha geta. Honestamente veo muy poco trabajo. Así, cualquiera es artista. Cruzo miradas y veo demasiado mamoneo, conversaciones de pajas mentales para buscar la mejor manera de llevarse a la tipa o al tipo a la cama este sábado noche.
A veces, pienso, me tomo las cosas demasiado en serio. Advierto que se me ve demasiado mi nube negra sobre la cabeza, me dejo impresionar por un par de obras y fotos y me voy. Me golpea un fuerte conjunto de emociones y sentimientos que intento relativizar por mi insignificancia y mi relevancia en este mundo que de cierta manera escojo y quiero vivir.
Llego a casa, intento buscar una radio que me informe de lo que se pasa en la plaza que he dejado atrás, y me sorprendo por la narración de un partido de sábado, París St Germain contra no se quien. Cambio a la radio nacional española, con la seguridad que la radio nacional me pondrá al día de todo el movimiento que se está pasando en España, pero no, escucho claro está, la narración de otro partido, esta vez es el Barça que juega.
Cierro el dial y escucho un poco de música, esté tranquila o no, van a venir muchas crisis, todavía vamos a tener muchos más rescates de bancos, pocos ricos a enriquecer y muchos más pobres a empobrecer.
Publicado el octubre 15, 2011 en ciudades, gentes, opinión, París, reflexiones y etiquetado en 99%, Antidisturbios contra manifestación pacífica, futbol y crisis, Indignados en París, París 15O. Guarda el enlace permanente. Dejar un comentario.

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