Leyendo en los posos de un café

No me imaginaba que los posos de un café pudiesen dar para tanto. Hace ya algunos años, aprovechando las largas tertulias de invierno, Nina adivinaba, al mismo tiempo que imaginaba, el posible futuro escrito en los posos de un café. Durante el proceso, me contaba como su abuela le había legado las armas para poder llegar a sus conclusiones, me contaba también, los detalles de la sabiduría de una abuela griega, de su trayectoria de inmigrante que llegaba desde Rusia y de como mantenía su origen hablando un dialecto diferente a la lengua oficial del mismo país. La primera vez que la encontré, sus ojos me mostraron una sensibilidad única a esas mujeres casi eternas, sus ojos y su mirar, llegaban más allá de cualquier palabra imposible de decir. No hizo falta hablar mucho para sentir la autenticidad de las palabras un día contadas.

La primera vez que conocí a Kianoush y, frente a su anonimato, hice alarde de todas las armas que mi posición me permitía para que se quedase con el mejor sabor de un plato, con el mejor sabor de una bebida… aunque no fuese un café.

Hace pocos días, y gracias a la confianza que ha sido ganada por ambas partes, Kianoush me comenzó a descubrir un pedazo de su historia, claro está me habló también de su trabajo. Mi curiosidad indomable me llevó a su página web y, poco después, al lugar donde hoy respiro los posos de un café.

Mientras bebo el café de origen colombiano, acompañado de un vaso de agua y un chocolate más oscuro que el propio café, siento el olor y contemplo la obra de un artista de un aire tímido al mismo tiempo que misterioso. Por unos instantes, en un discurso entrecortado por los pensamientos que dominaban su mente, tuve la oportunidad de escudriñar o más imaginar su perfil. La carga de una responsabilidad, la fuerza que domina el talento presente se manifiesta tatuada en el brillo de sus ojos. Ojos que también miran más allá. Sin tener muy claro el porqué, inesperadamente para quien escribe, la conversación se había terminado. Con el mismo aire misterioso con el que había llegado, su cuerpo se entremezcla entre los olores de los posos del café. Tal vez, alguna nueva idea golpeaba su cabeza y le pedía a gritos callados que sus dedos dibujasen una nueva caricatura de este momento o de este lugar de París.

En la Caféotheque me quedé yo, mis pensamientos y el mirar de un piano que tal vez esta noche no deje de sonar. Mientras degusto el amargor del chocolate y el final del café, sonrío satisfecha a pesar de no llegar a leer los posos de éste café. Pienso también, en negociar con los olores inspiradores que se respiran en este rincón particular, dejo reposar mi espalda, por veces cansada, en el respaldo de un sillón redibujado por muchos, tal vez, algunos de los grandes se pasaron por este rincón y degustaron como yo, el sabor de un buen café y toda la magia que gira en torno a él.

Acerca de baraka

ciudadana del mundo, viviendo, compartiendo y sintiendo cada minuto del camino de la lucha por un mundo mejor, aquí, allí o donde sea.

Publicado el septiembre 18, 2011 en ciudades, gentes, París, relatos y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Dejar un comentario.

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